El Alzheimer y la importancia del diagnóstico precoz

El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, proclamado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y auspiciado por Alzheimer 's Disease International (ADI).

El Alzheimer es una enfermedad que genera un deterioro cognitivo progresivo. Este deterioro suele acompañarse de cambios en la personalidad y el comportamiento. La capacidad de la persona para ser autónoma y llevar a cabo las actividades de la vida diaria va disminuyendo, de modo que en las fases más avanzadas necesitará ayuda y cuidados durante la mayor parte del día.

La forma de entender la enfermedad ha evolucionado en los últimos años. Ahora se sabe que el Alzheimer es una enfermedad de larga duración, que empieza a producir daños en el cerebro hasta 15 o 20 años antes de que se manifiesten los primeros síntomas. Esta constatación ha abierto la puerta a investigar sobre cómo prevenir su desarrollo. En este contexto, expertos apuestan también por los estudios de prevención, dirigidos a personas cognitivamente sanas o con sintomatología muy leve. Se trata de actuar antes de que se haya producido la pérdida neuronal de considerable magnitud que conlleva la aparición de la demencia.

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer depende de la coincidencia de una serie de manifestaciones clínicas de problemas cognitivos, acompañadas de limitaciones funcionales y en ocasiones también de otros síntomas conductuales y psicológicos.

Sin embargo, hay otras enfermedades o problemas de salud que pueden tener manifestaciones parecidas (fundamentalmente el estrés o la depresión, y otras enfermedades médicas). Este es el motivo de que diagnosticar esta enfermedad no sea fácil.

Algunos de los primeros signos y síntomas de Alzheimer son:

  • Deterioro de la memoria, como por ejemplo, dificultad para recordar eventos
  • Dificultad para concentrarse, planificar o resolver problemas
  • Problemas para completar tareas diarias en el hogar o en el trabajo
  • Confusión con respecto a los lugares o el paso del tiempo
  • Dificultades visuales o de espacio, como por ejemplo, no comprender distancias al conducir, perderse o poner cosas en lugares equivocados
  • Problemas de lenguaje, como por ejemplo, problemas para encontrar palabras o vocabulario reducido al hablar o escribir
  • Mal juicio al tomar decisiones
  • Retraerse de eventos laborales o compromisos sociales
  • Cambios de humor, como depresión u otros cambios en el comportamiento y la personalidad

Pruebas tempranas para detectar el Alzheimer:

Los médicos, mediante la realización de una historia clínica cuidadosa, y confirmado la existencia de las alteraciones comentadas generalmente por un familiar o un cuidador, comprueban que la persona cumple o no los criterios de EA, y es en ese momento en el que se realizan otras pruebas complementarias con la finalidad de descartar que las alteraciones que presenta la persona se deben a otras enfermedades (infecciones, tumores, etc.):

  • Análisis de laboratorio: para descartar otras afecciones que provocan algunos síntomas similares a los de la demencia de Alzheimer, como trastornos de la tiroides o insuficiencia de vitamina B12.
  • Tomografía computarizada: utiliza rayos X para obtener imágenes transversales del cerebro.
  • Resonancia magnética: utiliza ondas de radio poderosas e imanes para crear una imagen detallada del cerebro.
  • Análisis del líquido cefalorraquídeo: es un grupo de pruebas que examina el líquido cefalorraquídeo para ayudar a diagnosticar enfermedades y anomalías que afectan al cerebro

Aunque aún no existe una estrategia probada para prevenir el Alzheimer, sí existe evidencia sólida de que varios factores relacionados con un estilo de vida saludable, pueden tener un efecto positivo en la reducción del riesgo de padecer esta enfermedad.

  1. Dieta sana y sueño reparador. Es imprescindible llevar una dieta saludable y dormir bien para prevenir deterioros cognitivos que puedan derivar en algún tipo de problema neurológico como el Alzheimer.
  2. Hacer ejercicio físico moderado. Cualquier actividad adaptada a las características de cada persona es saludable. Plantear pequeños retos a nuestra mente.
  3. Participar en cursos, leer o resolver crucigramas son algunos ejemplos de actividades para mantener activo el cerebro.
  4. Tener una vida social activa. Relacionarse y estar en contacto con el entorno familiar y el círculo de amigos, así como conocer gente nueva, es beneficioso para el cerebro.

La Organización Mundial de la Salud y Alzheimer 's Disease International hacen hincapié en recordar que lo más importante es el diagnóstico temprano, que ayuda al paciente, su familia y las personas responsables de su cuidado a planificar el futuro. Además, los médicos pueden enseñarles estrategias para mejorar el entorno de vida, establecer rutinas, planificar actividades y controlar los cambios en las habilidades para minimizar el efecto de la enfermedad en la vida diaria.

FUENTE:

  • www.knowalzheimer.com

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