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Un antídoto natural: estar alegres tiene efectos concretos y medibles en el cuerpo

Cada 1 de agosto se celebra el Día Mundial de la Alegría, una fecha que nos invita a pensar en esta emoción no como un simple estado de ánimo pasajero, sino como un verdadero recurso para la salud mental y física.

La fecha fue propuesta en 2010 por Alfonso Becerra, un gestor cultural colombiano, con la idea de generar una pausa en medio de las noticias negativas y los ritmos acelerados, y dar lugar a la reflexión sobre el valor de la alegría como herramienta para el bienestar individual y colectivo.

Aunque no es una efeméride oficial de organismos internacionales como la ONU, se ha extendido en distintos países y cada vez más personas, instituciones educativas, espacios terapéuticos y comunidades la toman como excusa para promover actividades que fomenten la risa, el juego, el arte y la conexión social.

En su tiempo, Freud le otorgó al humor un lugar relevante, tanto en la teoría como en la práctica clínica. El padre del psicoanálisis decía que la risa tiene la capacidad de liberar energía negativa que el inconsciente reprime, lo que permite reemplazarla por pensamientos positivos y una sensación de alivio emocional. Y aunque no guió sesiones de risa ni prescribió risoterapia, como se entiende hoy, sí respaldaba la idea de que la risa es útil para liberar bloqueos emocionales y promover bienestar mental.

En su obra “El chiste y su relación con lo inconsciente" (1905), Freud analizó el humor como un mecanismo del inconsciente que libera tensiones reprimidas y genera placer psíquico al permitir expresar lo prohibido o censurado. Para él, la risa representaba una “catarsis psíquica” que limpiaba emociones acumuladas, potenciando una transformación interna.

En la segunda mitad del siglo XX la risoterapia comenzó a consolidarse como una técnica con identidad propia

Uno de los pioneros en este campo fue el médico estadounidense Hunter “Patch” Adams, quien en la década de 1970 propuso incorporar el humor y la risa en entornos hospitalarios como parte del tratamiento integral del paciente. Su enfoque rompió con la rigidez del modelo médico tradicional y evidenció cómo el buen ánimo podía tener efectos positivos sobre el sistema inmune, la presión arterial y la recuperación emocional. Desde entonces, múltiples estudios científicos y experiencias clínicas han respaldado su uso en hospitales, terapias grupales, empresas y escuelas. Hoy, la risoterapia es una herramienta reconocida en todo el mundo, y aunque no reemplaza a un tratamiento médico, sí se la considera un excelente recurso en tiempos donde el estrés, la ansiedad o el cansancio mental se vuelven cada vez más frecuentes, es allí donde la alegría toma un rol clave que la ciencia y la psicología ya no subestiman.

Lejos de ser un lujo o un capricho, la alegría tiene efectos concretos y medibles en el cuerpo: el cerebro libera endorfinas, dopamina y serotonina: neurotransmisores que reducen el dolor, mejoran el estado de ánimo y fortalecen el sistema inmune. También disminuyen los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y se estabiliza la presión arterial. Esta emoción también forma parte de terapias que se usan activamente en el ámbito clínico Según datos de la Universidad de Oxford, una sesión grupal de risa puede elevar los niveles de endorfinas hasta un 27% y reducir significativamente el estrés percibido.

¿Cómo se realiza una sesión de risoterapia?

Una sesión típica comienza con ejercicios de respiración y relajación para generar confianza grupal. Luego se incluyen juegos teatrales, musicoterapia, movimientos corporales simples y simulación de risa —lo que en pocos minutos suele convertirse en risa genuina—. También se usan dinámicas con música, espejos, globos o disfraces para fomentar la espontaneidad y romper el hielo.

En pacientes con enfermedades crónicas o dificultades motrices, se ha observado que estas prácticas mejoran el estado de ánimo, la adherencia al tratamiento y disminuyen la percepción de dolor. Una hora de risa en grupo puede lograr más que muchos estímulos individuales: fortalece vínculos, mejora la autoestima y deja efectos positivos durante varios días, especialmente en pacientes oncológicos, personas mayores o en recuperación de traumas.

Según la OMS, los enfoques que promueven el bienestar emocional reducen los síntomas de trastornos depresivos entre un 20 y 30% cuando se combinan con tratamiento convencional. Un estudio publicado en Psychological Bulletin, afirma que las personas que experimentan alegría con frecuencia duermen mejor, tienen una presión arterial más estable y una recuperación más rápida frente a enfermedades. Esto confirma lo que ya muchos profesionales sostienen: la alegría, lejos de ser banal, es una aliada poderosa en los procesos de recuperación física y emocional.

En este día recordemos que la alegría no es superficial, ni inútil. Sentirse bien tiene un impacto directo en la salud y en la calidad de vida. Aprovechar esta fecha para reflexionar sobre cómo incorporar más momentos positivos al día a día, desde lo más simple, como compartir una charla, escuchar música o hacer una actividad que genere placer, puede ser una forma real y accesible de cuidar el bienestar integral.

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